Empecé como VFX porque a los 15 años (2019) monté mi primer
negocio de edición de video. No tenía ni idea de lo que estaba
haciendo, solo veía un problema en el entorno donde me movía y
quise resolverlo.
Intenté armar algo parecido a una startup... y fallé. Sabía un
poco de HTML, algo de JS, pero no era suficiente.
Pero ahí fue donde todo cambió.
Me di cuenta de que no había fallado realmente: había abierto una
puerta. Una puerta a un universo gigante de posibilidades.
Desde ahí entré en una obsesión: entender cómo construir cosas,
cómo funcionan los sistemas, cómo pasar de una idea a algo real.
Podcasts, cursos, código, experimentos... todo sumaba.
Hoy esa curiosidad se convirtió en algo más serio: una obsesión
por diseñar soluciones y sistemas que todavía ni siquiera existen
del todo.